Road trip desde Monterrey, NL hasta California, USA
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Hay viajes que se planean durante meses y viajes que se arman con un mapa abierto y una sola regla: seguir manejando. Este fue de los segundos. Salimos de casa, en Monterrey, Nuevo León, cruzamos la frontera y enfilamos hacia el Pacífico sin más itinerario que una lista de lugares que llevaba años guardando. Días después estábamos parados frente a las cascadas de Oregon, preguntándonos cómo es que un viaje que empezó entre cerros regios terminó entre bosques de otro planeta.
La costa: Mt. Tamalpais y Point Reyes
El primer día en la costa fue de los que justifican todo el viaje —y todas las horas de carretera para llegar a ella. Subimos Mt. Tamalpais por la tarde, cuando la niebla del Pacífico empieza a treparse por las laderas y las colinas doradas parecen flotar sobre el mar. Es un lugar que no se deja fotografiar rápido: hay que esperar a que la luz y la niebla se pongan de acuerdo.
De ahí seguimos a Point Reyes. La foto de portada es exactamente ese momento: el acantilado cae hacia una playa que se pierde en la bruma, y la línea de olas sigue y sigue hasta donde alcanza la vista. Caminamos el borde sin hablar mucho. Hay paisajes que piden silencio.
San Francisco entre niebla
Esa misma noche entramos a San Francisco. Al día siguiente el Golden Gate amaneció envuelto en niebla — nada de postal turística de cielo azul, y qué bueno: el puente asomando entre el gris es mil veces más interesante. A veces el "mal clima" es el mejor regalo que le pueden dar a un fotógrafo.
Oregon: perseguir cascadas
Los últimos dos días fueron de bosque. Manejamos hacia el norte hasta Abiqua Falls, una cortina de agua que cae dentro de un anfiteatro de columnas de basalto — llegar implica un descenso resbaloso agarrado de cuerdas, con la cámara colgando del pecho y el corazón en la garganta. Valió cada paso.

El cierre fue Blue Pool: una poza de un azul tan irreal que parece photoshopeada en vivo. El agua viene filtrada por kilómetros de roca volcánica y sale de ese color imposible. Ninguna foto le hace justicia completa — y créeme que lo intenté.
Lo que me llevo
Cada lugar de este viaje está ahora en la portada del sitio, con su ubicación escrita abajo de cada foto. Pero lo que no sale en las fotos es lo mejor: los tacos de gasolinera, las playlists repetidas, y esa sensación de que el mundo es enorme y apenas lo estamos empezando a ver.
Si estás pensando en hacer esta ruta: hazla. Y deja espacio en la maleta para la niebla.